Producto o Marca: ¿Qué es más importante?

Para explicar nuestra respuesta como es debido, nos gusta remitirnos a los esencia de la palabra “Branding”, que proviene de la palabra “Brand”, que traducida al castellano es marca.

Bien, en la Edad Media, la palabra “marca” se refería al marcaje a fuego que se les hacía a los animales de ganado, con el fin de reconocer a su propietario. Más adelante, durante la conquista del Far West americano, este marcaje a fuego pasó a llamarse brandingUna adaptación a la actualidad

Lo cierto que hoy en día hay una gran confusión sobre su significado real, pues la mayoría de los empresarios asocian la marca al diseño de un logotipo o a los distintos elementos de diseño.

Sin embargo, de la misma manera que los ganaderos no marcaban a sus reses por cuestiones puramente estéticas, sino para dar a conocer e identificar que ese animal era criado y cuidado por él, hoy en día sucede algo similar con las marcas: ayudan al consumidor a conocer quién está detrás de cada producto y cuáles son sus valores.

Aun así, es evidente que la marca y el producto deberán ir cogidos de la mano porque si el servicio o el producto que se ofrece no es bueno, será muy difícil construir una marca sana y fuerte.

Nuestra sociedad y sus necesidades evolucionan constantemente y no siempre los productos pueden hacerlo de la misma forma: si los motores de combustión desaparecen, el combustible fósil dejará de ser consumido y tenderá a desaparecer.

Es por ello por lo que debemos tener muy en cuenta los ciclos de vida de cada producto, pudiendo ser más extensos o fugaces, pero siempre conscientes de que tienen un ciclo de vida, que parte desde la introducción y el crecimiento hasta la madurez y el declive.

Deberemos prestar mucha atención cuando basemos nuestros argumentos de venta solo en los productos y no en la marca: nos arriesgaremos a perder valor o incluso a desaparecer con el declive del producto.

Sin embargo, cuando basamos nuestra estrategia sobre nuestra manera de trabajar, nuestro branding, ya no estamos hablando de productos sino de personas, de un saber hacer, de una forma determinada de actuar, como la elección de procesos, de calidades, de sistemas de fabricación…

Valores tangibles e intangibles identificables que evolucionan como nosotros según avanza el tiempo.

Un buen branding parte de definir tu personalidad, tu identidad, la de tu gente y crear un relato sincero a partir de ahí, transmitirlo tanto internamente como externamente, en todos los estratos de la empresa.

El branding debe definir tu estilo de expresión, explicará cómo y porque eliges tus productos, explicará tus valores y conocimientos, y debe estar presente en todas tus comunicaciones, (tu tono de voz, tu logo, los packs, tus productos).

Los productos te diferencian, te posicionan, pero no olvides que deben tener implícito trabajar siempre en favor de tu marca.
¡Blockbuster es un buen ejemplo de ello!

Un ejemplo real

Los más jóvenes, probablemente no recuerden a Blockbuster, pero, resumiendo su historia, podremos decir que fue el referente absoluto del sector de alquiler de películas en todo el mundo.

Bien, pues con la introducción de las nuevas tecnologías, un buen día apareció un joven visionario en la sede de Blockbuster y les ofreció digitalizar todas sus cintas de películas para ofrecer un servicio en streaming.

El entonces director de la multinacional, no pudo contener la risa y echó de su despacho a ese joven, sin saber que iba a ser el fundador de lo que hoy todo el mundo conoce como Netflix.

Al poco tiempo, Blockbuster quebró. En lugar de comprender la capacidad real de su marca, de sus capacidades de ofrecer contenido de ocio de calidad y entretenimiento selectivo al público, decidieron centrarse en su producto, confiando en que iba a durar para siempre.

¿Cuál fue su problema? En lugar de comprender la capacidad real de su marca, decidieron centrarse en su producto, confiando en que iba a durar para siempre.

Desgraciadamente, no hay ningún producto que dure para siempre, aunque sí hay marcas que saben reinventarse y, producto tras producto, estar siempre en la mente del consumidor.

Y tú, ¿a qué le estás prestando más atención?

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